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Atreverse a las diferencias

09.07.2013 01:31

Con sorpresa, con pena y hasta un atisbo de incredulidad, se ha recibido la noticia del fallecimiento de Joaquín Piña Batllevel, Obispo Emérito de la Diócesis de Puerto Iguazú.

No constituirán su único legado ni la fortaleza de sus creencias religiosas, ni la marcada vocación por transitar el espinoso sendero de la fe cristiana, íntegramente comprometido con ella, experimentando en carne propia el ejercicio de esos altísimos valores en todos los acontecimientos públicos y lugares donde le tocó estar. Todo eso pudo ser característico de otros hombres también, pero él no era como otros hombres. 

Joaquín Piña fue distinto y en consonancia con ello dejó al pueblo de Misiones una herencia de mayor riqueza que cualquiera: su incesante capacidad de lucha y su inquebrantable esperanza. Bregó personalmente por el respeto de las diferencias y el sostenimiento del pluralismo político.

Entendió e interpretó antes que nadie en su tiempo y circunstancia que el ejercicio absoluto del poder corrompe absolutamente y en el urgente devenir de los hechos políticos se entregó en cuerpo y alma al combate en una batalla desigual contra el aparato estatal y el poder constituido. Fue en aquel entonces el caudillo suave y gentil, el líder pacifista y firme, el mentor genial del no a la reelección indefinida logrando con su sola presencia la aglutinación de un puñado de sectores opositores mediante el único ingrediente posible -la esperanza- en pos de obtener un triunfo casi desesperado.

Y ese triunfo se lo dio la gente cuando con un cincuenta y dos por ciento decidió que no era conveniente, ni necesario, ni bueno para la convivencia democrática de la provincia que se materializaran las aspiraciones de continuidad del gobernante de turno, por más tentadoras o atractivas que parecieran.

En esa oportunidad como tantas otras Misiones dejó su huella en la historia. El país todo se convirtió en testigo de la firmeza y determinación de un pueblo y Piña tan solo transmitió, una vez más, el valor de la armonía entre las palabras y los hechos.

El se atrevió a ser diferente cuando muchos creían fervientemente en la legitimidad de no serlo y otros tantos se atemorizaban cobardemente a serlo.

Fiel a las enseñanzas de su Maestro demostró con su incansable andar, hacer y pregonar que la fe verdaderamente mueve montañas y que no se trata de la simple frase hecha de un iluminado destinada a atraer feligreses.

A no dudarlo. Ha muerto un hombre cuyas acciones en el trayecto de una vida recorrida durante muchos años por la tierra colorada, acabaron por transformarlo en una bisagra trascendente de la historia local y regional. Y es así como debería ser recordado.