Juro que no quiero ofender a nadie ni mucho menos herir susceptibilidades ya que últimamente hay mucha sensibilidad y emoción desbordada dando vuelta por ahí.
Pero hoy me gustaría hablar sobre la riqueza.
Lino Oviedo falleció recientemente en Paraguay a causa de un accidente aéreo, o al menos eso es lo que sabemos.
Este personaje era dueño de una fortuna de casi mil millones de dólares. ¿Pueden imaginarse lo que eso representa? Digamos que el hombre éste era el dueño de Paraguay, tenía más plata que cualquier político argentino o cualquier personaje público acaudalado. Solamente lo superaban los millonarios de la revista Forbes.
Entonces me puse a pensar en nuestra Presidente pobre cuyo poderío económico al lado de un sujeto así significa nada. Convengamos que al lado de Oviedo es como una bebé de pecho. Además la fuente de su riqueza tampoco está suficientemente aclarada pero tiene mucha más credibilidad que la de este sujeto.
Inmediatamente mis reflexiones se dirigieron hacia las actividades que desempeñaba este político, ex militar del vecino país, político, empresario (me pregunto ¿de qué?), o lo que pudo haber realizado durante su vida para amasar semejante riqueza.
Qué encontré. Bueno, digamos que formas bastante poco convencionales de trabajo o si se quiere de obtener dinero (de forma honesta). Fue acusado de apoderarse de los bienes de los exiliados durante la caída del Presidente Alfredo Stroessner. Se le atribuye haber sido el autor intelectual del asesinato del Vicepresidente Argaña en el año 1999, además de asesinatos de jóvenes almas. Pufff, sin mencionar cientos de otras actividades ilícitas como el narcotráfico, el contrabando, las armas y tantos crímenes. Se cuidaba bien de no ser descubierto y obtuvo el aval de la Justicia para evitar cualquier condena. ¡Ay la justicia terrenal de un país comprado!
Supongo que un acto de honradez de su familia sería devolver a su país todo aquello que ilegítimamente obtuvo, o al menos una parte, pero quizás es mucho pedir. No entiendo, a una personalidad como esa la despiden con honores y tributos de todo tipo, cuando poco es lo que he encontrado haya hecho para ubicar a Paraguay con la imagen de un país digno de ser vivido, salvo claro está su intento de ser elegido presidente en las próximas elecciones, frustrado por tan oportuna tragedia (de todos modos no me trago la hipótesis del atentado). El tiempo de su redención no llegó, lamentablemente. Me resulta incomprensible que no haya sido objeto de una condena social tan grande como la condena judicial que hábilmente logró evadir durante todos estos años.
Si hoy alguien me pregunta si el dinero se hace trabajando tendría que contestar "depende", pues sí, depende a qué trabajo te refieras. No creo que en el ejercicio profesional llegue a forjar un patrimonio en una mínima parte cercano al que este personaje público supo atesorar, corrompiéndose, mintiendo, planificando golpes de estado, matando, robando y engañando a gran parte de un país pobre y olvidado.
Me quedo con las palabras de una madre cuyo hijo fue cruelmente asesinado en los acontecimientos del Marzo Paraguayo, supuestamente a manos de este hombre: “Es justicia divina cómo murió achicharrado bajo tierra; una parte de mi corazón descansó”, expresiones de Gladys Bernal de Díaz, madre de uno de los caídos en el Marzo Paraguayo en 1999. No sé si Dios se vale de estas tragedias para demostrar que la justicia existe, no creo mucho en ello, pero quizás sí hubo un poco de su mano para librar al pueblo paraguayo de otro presidente delincuente que seguramente a la hora de asumir el poder si es que lo lograba, rápidamente se olvidaría de sus promesas y plataforma para continuar enriqueciéndose con el patrimonio ajeno. Todos merecen una oportunidad pero creo que este tipo tuvo muchas y jodió mucho también.