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Isolina somos todos

08.01.2014 01:38

No alcanza y los resultados están a la vista. Cualquier precaución en materia de seguridad personal puede tornarse nula e ineficaz en un abrir y cerrar de ojos.

Ni la policía ha podido cumplir acabadamente con su cometido de velar por las vidas de los ciudadanos pues o no es suficiente o no opera en determinados horarios o cualquiera sea la causa no está en el momento y lugar indicado.

Desde siempre la carga impositiva aplicada a las comunidades ha sido pensada y estructurada bajo la premisa de brindar un servicio tan básico como urgente e indelegable: seguridad interior. La paz en la convivencia social así lo exige. Sin embargo la devolución percibida por el común de la gente es casi inexistente. Cuando el miedo, la incertidumbre, la tristeza y la desazón anidan hondamente en el tejido social puede afirmarse que muchos de los objetivos diagramados lejos están de alcanzarse.

La sensación es que por la mayoría de los servicios públicos esenciales se está pagando un alto precio, por el cual no se recibe casi nada. Hay ineficiencia, pereza, ausencia de gestión y compromiso. Por el contrario, en un país que históricamente siempre ha hecho gala de su elevado nivel de evasión, el discurso intenta instalar una idea de que lo recaudado regresa en prestaciones fundamentales y, lejos de ello, la realidad demuestra otro panorama, igual o peor que el de hace unos años.

Lo cierto es que esta vez no funcionó. No alcanzó ni el boca en boca, ni el foro de seguridad, ni las fuerzas policiales, ni el ocasional grito de auxilio que algún transeúnte pudiera haber dado. Esa insuficiencia sesgó una vida que pasará a ser parte de una estadística tan fría cuanto no menos real y desalentadora.

Paradójicamente otro de los servicios esenciales que debían recibirse tampoco funcionó: el de la educación. Probablemente con algo más de instrucción otra hubiera sido la historia de ese jovencito, de ese niño adolescente que sin dudas arruinó su propia y miserable existencia llevándose con sus acciones las vidas, sueños y esperanzas de una familia. No hay consuelo pues Isolina pudo haber sido tu madre, tu hermana, tu hijo, tu vecina, un amigo o incluso tú mismo. Por un instante todos fuimos capaces de ponernos en sus zapatos aunque demasiado tarde. No importa si haces o no ostentación, si tienes o no dinero, si llevas un buen pasar o si el celular es ya viejo; te matan igual, por $3,25 o por nada.