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Las personas no se fabrican

25.03.2013 23:25

Ni las personas se fabrican, ni tienen fecha de elaboración como tampoco de vencimiento, por más que nos esforcemos en ponérselas.

Desde luego que las concepciones acerca de la vida han de variar durante las distintas etapas de la persona. No es lo mismo la óptica con que se la ve a los 15 años que a los 20, a los 40 o a los 70. Porque la naturaleza humana, en constante evolución, también va modificando sus conceptos sobre las cosas. La adolescencia y la juventud son momentos de profundo cambio evolutivo y cualquiera podrá notar que los pensamientos de aquellos años entrañables ciertamente no son los mismos que los de hoy.

Por eso resultan peligrosos los argumentos con los cuales se reduce la vida humana a una mera “construcción” de la naturaleza cuando la misma es un constante desarrollo y nosotros mismos somos prueba viviente de ello.

El alma que es el principio vital de los seres humanos tiene un comienzo preciso y nadie podría afirmar que lo fuera a la semana de unión de las células, a las 12 semanas o al momento del nacimiento y desprendimiento del seno materno.

Debería haber mayor sinceridad y frontalidad en el debate acerca del aborto pues si no somos capaces de develar con certeza científica el real comienzo de la vida humana y el momento justo en que dos células se convierten en un individuo mal podemos justificar atentar contra la vida por nacer bajo el argumento reduccionista o negatorio de ella que únicamente la concibe desde cierta cantidad de semanas de concebida. No por ello se tranquilizarán las conciencias ni tampoco se salvarán más mujeres. Dar curso y credibilidad a un sustento tan débil es tan insostenible como falaz.

Ahora bien, sin perjuicio de que en Argentina como seguramente en muchos otros países las luchas a favor del aborto casi siempre se centrarán en un tema de política sanitaria, menores muertes, menor clandestinidad, derecho a decidir, derecho a elegir, derecho sobre el propio cuerpo y varias otras falacias más, no se ve cómo el país hará para sortear las vallas de los derechos personalísimos contemplados en la carta magna desde la reforma de 1994, en particular el Pacto de San José de Costa Rica que reconoce que “persona es todo ser humano” (art. 1) y que “toda persona tiene derecho a que se respete su vida...a partir del momento de la concepción” (art. 4); la Convención de los Derechos del Niño, que considera niño a “todo ser humano desde el momento de su concepción y hasta los dieciocho años de edad” (cfr. art. 2 de la Ley 23.849 ratificatoria de la Convención); el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, que prohíbe aplicar la pena de muerte a mujeres en estado de gravidez (art. 6 inc. 5). Habrá que llamar a una posterior reforma constitucional tal vez, so riesgo de que los argumentos contra su constitucionalidad proliferen por miles.

A veces me pregunto por qué las voces pro aborto y sus elaboradas teorías son capaces de crecer más que cualquier atisbo de políticas pro vida, defensoras de la humanidad desde el mismo momento en que comienza a existir, a favor de la verdadera educación sexual y el trabajo preventivo. Y la respuesta es generalmente siempre la misma: porque es más fácil y más barato pensar en borrar la consecuencia que anticiparse a su ocurrencia.   

Pues sepamos que no existe ninguna idea sólida, ningún fundamento inamovible ni ninguna construcción teórica suficiente para alcanzar a justificar un acto tan vil, irreflexivo y criminal como dar muerte a un ser frágil incapaz de dar lucha por sí mismo, quien echado a la suerte del destino quizás habría confiado que el suyo sería más feliz. La naturaleza nos hace hombres pero la cultura en ocasiones nos convierte en crueles y despiadados animales irracionales, no menos que un asesino, ni más que un triste Judas jugando a ser fiel apóstol.